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Innovación social (i). Comunidades creativas (5′)

16 February 2010 Sin comentarios

Parece claro que estamos viviendo una época de profundos cambios en la manera en cómo afrontamos nuestros quehaceres diarios; la tecnología, cada vez más arraigada en la sociedad, se ha convertido en la herramienta perfecta para el desarrollo y la transformación de la forma en la que las personas se relacionan, comunican, trabajan y viven. Enmarcado dentro de un ambiente globalizado asistimos, impasibles o no, al imparable avance de las herramientas y de los medios sociales en los que se asienta el archiconocido dos punto cero.

Escapando del uso trivial y redundantemente primate al que se empiezan a someter estas herramientas, es posible promover iniciativas, basadas en el mismo concepto colaborativo, comprometidas y trascendentales para el futuro de nuestra sociedad. Usos que devuelvan el bienestar a las personas, reduzcan el intrusismo del sistema actual y recuperen, ahora más que nunca, la importancia de los elementos locales sobre el resto.

Los cambios inducidos por tales iniciativas, la manera en cómo aplicamos la tecnología a nuestro comportamiento y en cómo individuos o comunidades actúan para solucionar un problema o generar nuevas oportunidades conforman lo que actualmente denominamos innovación social.

Las condiciones tecnológicas y socioeconómicas actuales hacen que sea éste el momento propicio para la generación de una nueva gran ola de innovación social. Basada más en un cambio en el comportamiento de todos nosotros que en un cambio en la propia tecnología, es importante desarrollar, difundir y promover iniciativas que nos guíen hacia un futuro un poquito más inteligente y sostenible.

Actividades colaborativas
De manera general, la innovación social se reproduce y manifiesta a través de las llamadas actividades colaborativas. Estas actividades, enmarcadas dentro del contexto adecuado refuerzan el tejido social de la comunidad, poniendo en práctica nuevas y mejores ideas o soluciones en pro del bienestar común; recombinando conocimientos y tecnología, promoviendo nuevos comportamientos que conformen la base de la sociedad futura, de manera ajena al cambio global del sistema, mucho más lento y no manejable.

Como características principales, las actividades colaborativas destacan por el valor que generan, no por el que reciben en consecuencia (pese a que el beneficio es mútuo), por el fortalecimiento de la comunidad y de la conectividad local y global, y por el enfoque en las personas (no en los productos), que reciben la dedicacion, las habilidades y la creatividad propias de este tipo de iniciativas.

A modo ilustrativo, encontramos ejemplos de este tipo de iniciativas en la generación de grupos de autocultivo e intercambio de alimentos, en servicios como el transporte compartido, el cuidado de niños, los microbancos o las redes de intercambio de información. El potencial es infinito y los campos por explotar son muchos, desde el diseño de productos de fabricación casera hasta actividades propiamente empresariales.

Pese a que es posible que este tipo de actividades surja de manera espontánea, la innovación social debe fundamentarse en contextos y comunidades capacitadas para ello, conocidas como comunidades creativas.

Comunidades creativas
Compuestas por grupos de gente capaces de imaginar, desarrollar y gestionar nuevas formas de vida y soluciones socialmente innovadoras, estas comunidades emplean toda su creatividad para romper con los modelos de pensamiento y comportamiento establecidos, generando, por tanto, los cambios necesarios para el progreso de la sociedad.

La aparición de estas comunidades (desde instituciones participativas hasta redes de gente activa) suele estar ligada a contextos dinámicos, caracterizados por un conocimiento difuso, una alta conectividad y cierto grado de tolerancia.

No es difícil entonces imaginar que el desarrollo de las redes sociales y la web 2.0 proporciona un ambiente propicio para el florecimiento de este tipo de comunidades.

La presencia de comunidades creativas en nuestro entorno genera un enorme beneficio y una retroalimentación de todo el ámbito local. Además, las capacidades personales y profesionales sobre las que se asientan estas comunidades convierte a las mismas en un vivero de emprendedores y gente con una alta iniciativa. El resultado final es una sociedad basada en el conocimiento, asentada en lo local y compuesta por gente con talento capaz de generar nuevos patrones de comportamiento.

El primer paso
Cualquiera de nosotros puede hacer mucho más que mirar cómo personas emprendedoras y creativas mueven el dedo en este tipo de iniciativas. Hablaremos más adelante de cómo se pueden reproducir y generar actividades colaborativas y comunidades creativas en nuestro ámbito local, pero por el momento, es necesario seguir investigando, observando iniciativas alrededor nuestro, abriendo la mente al mundo y librándonos del sobrepeso que cargamos a diario.

Entre los objetivos de este 2010, nos hemos propuesto aprender, dar a conocer, desarrollar y promover actividades e iniciativas en pro del bienestar de todos nosotros. ¿Nos ayudas?

Puedes leer este post en tan solo cinco minutos. Dedica el resto del tiempo a cambiar el mundo ;)


Os dejo la fuente principal sobre la que he iniciado el texto, una lectura recomendable: Collaborative Services. Social innovation and design for sustainability

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